viernes, 27 de agosto de 2021

Carta a López Obrador sobre aztecas y entrañas humanas.*

 Carta a López Obrador sobre aztecas y entrañas humanas.* 

El Mundo. 25/08/2021
El presidente de México se refirió con desdén a la idea que el historiador argentino Marcelo Gullo expresó en ELMUNDO el 23 de julio: España liberó América de los aztecas. Ésta es la razón histórica:

Estimado señor presidente de la República de México don Andrés Manuel López Obrador. El pasado 13 de agosto, en ocasión de cumplirse el 500 aniversario de la liberación -para usted caída- de Tenochtitlán citó textualmente, sin nombrarme, un párrafo de la entrevista que el diario ELMUNDO tuvo a bien realizarme el viernes 23 de julio a raíz de la publicación en España de mi libro Madre Patria. Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán.

En su discurso usted afirmó: «Hay asuntos que deben aclararse en la medida de lo posible. Por ejemplo, hace unos días un escritor pro-monárquico de nuestro continente afirmaba que España no conquistó a América, sino que España liberó a América, pues Hernán Cortés, cito textualmente, 'aglutinó a 110 naciones mexicanas que vivían oprimidas por la tiranía antropófaga de los aztecas y que lucharon con él'». Usted también me acusó sin ningún tipo de pruebas -y sin haberse tomado siquiera la molestia de ojear mis antecedentes académicos o de recabar información sobre mi trayectoria política antimperialista- de ser un representante del pensamiento colonialista.

Coincidiendo con su apreciación de que hay asuntos que deben aclararse quisiera recordarle que, como afirma el arqueólogo mexicano Alfonso Caso, quien fuera rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, «el sacrificio humano era esencial en la religión azteca». Es por ese motivo que en 1487, para festejar la finalización de la construcción del gran templo de Tenochtitlán -del cual usted, el pasado 13 de agosto, inauguró una maqueta monumental- las víctimas del sacrificio formaban cuatro filas que se extendieron a lo largo de la calzada que unían las islas de Tenochtitlán. Se calcula que en esos cuatro días de festejo los aztecas asesinaron entre 20.000 y 24.000 personas.

Sin embargo Williams Prescott, poco sospechoso de hispanismo, da una cifra más escalofriante. «Cuando en 1486 se dedicó el gran templo de México a Huitzilopochtli, los sacrificios duraron varios días y perecieron 70.000 víctimas». Juan Zorrilla de San Martín en su libro Historia de América relata que «cuando llevaban los niños a matar, si lloraban y echaban lágrimas, más alegrábanse los que los llevaban porque tomaban pronósticos que habían de tener muchas aguas en aquel año».

«El número de las víctimas sacrificadas por año», tiene que reconocer Prescott, uno de los historiadores más críticos de la conquista española y uno de los más fervientes defensores de la civilización azteca, «era inmenso. Casi ningún autor lo computa en menos de 20.000 cada año, y aún hay alguno que lo hace subir hasta 150.000». Marvin Harris en su famosa obra Caníbales y reyes relata: «Los prisioneros de guerra, que ascendían por los escalones de las pirámides, [...] eran cogidos por cuatro sacerdotes, extendidos boca arriba sobre el altar de piedra y abiertos de un lado a otro del pecho con un cuchillo... Después, el corazón de la víctima -generalmente descripto como todavía palpitante- era arrancado... El cuerpo bajaba rodando los escalones de la pirámide...».

¿Dónde eran llevados los cuerpos de los cientos de seres humanos a los cuales, en lo alto de las pirámides, se les había arrancado el corazón? ¿Qué pasaba luego con el cuerpo de la víctima? ¿Qué destino tenían los cuerpos que día a día eran sacrificados a los dioses? Al respecto, Michael Hamer que, ha analizado esta cuestión con más inteligencia y denuedo que el resto de los especialistas, afirma que «en realidad no existe ningún misterio con respecto a lo que ocurría con los cadáveres, ya que todos los relatos de los testigos oculares coinciden en líneas generales: Ias víctimas eran comidas».

Los numerosos trabajos científicos -tesis doctorales, libros publicados por prestigiosos académicos de fama mundial- con los que contamos hoy, no dejan lugar a dudas de que en Mesoamérica había una nación opresora, la azteca, y cientos de naciones oprimidas, a las cuales los aztecas no solo le arrebataban sus materias primas -tal y como han hecho todos los imperialismos a lo largo de la historia- sino que les arrebataban a sus hijos, a sus hermanos... para sacrificarlos en sus templos y luego, repartir los cuerpos descuartizados de las víctimas en sus carnicerías, como si fuesen chuletas de cerdo o muslos de pollo para que esos seres humanos descuartizados, sirvieran de sustancioso alimento, a la población azteca.

La nobleza se reservaba los muslos y las entrañas se dejaban al populacho. Las evidencias científicas con las que contamos hoy, no dejan lugar a dudas al respecto. Era tal la cantidad de sacrificios humanos que realizaban los aztecas de miembros de los pueblos por ellos esclavizados que con las calaveras construían las paredes de sus edificios y templos.
Es por eso que, el 13 de agosto de 1521, los pueblos indios de Mesoamérica oprimidos por los aztecas festejaron la caída de Tenochtitlan. Como usted, señor presidente, tuvo que reconocer en su discurso, a regañadientes y entre líneas, es materialmente imposible pensar que, con apenas 300 hombres, cuatro arcabuces viejos y algunos caballos, Hernán Cortés pudiera derrotar al ejército de Moctezuma integrado por 300.000 soldados disciplinados y valientes. Hubiese sido imposible, aunque los 300 españoles hubiesen tenido fusiles automáticos como los que hoy usa el Ejército español.

Miles de indios de las naciones oprimidas lucharon, junto a Cortés, contra los aztecas. Por eso, su compatriota José Vasconcelos afirma que «la conquista la hicieron los indios».
¿Y que aconteció después de la conquista, después de esas primeras horas de sangre, dolor y muerte? Todo lo contrario de lo que usted afirma. España fundió su sangre con la de los vencidos y con la de los liberados. Y recordemos que, fueron más los liberados que los vencidos. México se llenó de hospitales, colegios bilingües y universidades. España envió a América a sus mejores profesores y la mejor educación fue dirigida hacia los indios y los mestizos. Permítame recordarle, señor presidente, que tan respetuosos fueron los libertadores españoles -perdón: los conquistadores- de la cultura de los mal llamados pueblos originarios que en 1571 se editó en México el primer libro de gramática de lengua nahualt, es decir 15 años antes de que en Gran Bretaña se publicara el primer libro de gramática de lengua inglesa. Todos los datos demuestran que, al momento de su independencia de España, México era mucho más rico y poderoso que los Estados Unidos.

Perdóneme usted, señor presidente, que me vaya un poco por las ramas, pero quisiera sugerirle, con todo respeto, que el próximo 2 de febrero, cuando se cumpla un nuevo aniversario del ignominioso tratado de Guadalupe Hidalgo -por el cual los Estados Unidos arrebataron a México 2.378.539 kilómetros cuadrados de su territorio- usted realice un gran acto como el que organizó para el 13 de agosto. Que para realzar el mismo, invite al presidente de los Estados Unidos Joseph Biden y en un gran discurso, cuando esté ante el presidente estadounidense, le exija que pida perdón al pueblo mexicano por haberle robado Texas, California, Nuevo México, Nevada, Utah, Colorado y Arizona, tierras que fueron indiscutiblemente parte de México.

Por último estimado presidente quisiera contarle que, como desde niño siempre me he sentido ligado sentimentalmente a los pueblos oprimidos -quizás por haber nacido en un hogar humilde de la ciudad de Rosario en la República Argentina-, si pudiese viajar en el túnel del tiempo, una y mil veces, me sumaría a los apenas 300 soldados de Hernán Cortés que, con el coraje más grande que conoce la Historia, liberaron a los indios de México del imperialismo antropófago de los aztecas.

MARCELO GULLO. Buenos Aires. 25/08/2021

El Presidente Retenido

 Amanecimos el dia de hoy con el presidente encerrado en una camioneta enfrente de la zona militar en Tuxtla Gutierrez Chiapas, debido a un bloqueo provocado por los maestros de la CNTE, que hasta el día de hoy han sido aliados del presidente cuando fue candidato para ser parte de bloqueos y marchas.

A la protesta se le han sumado miembros de los servicios médicos que no han contado durante la pandemia con los insumos necesarios para enfrentar está crisis sanitaria, así mis como ciudadanos con diferentes peticiones que no han sido atendidas en tiempo y forma, obviamente entre ellos los mas enojados son lo que tienen a sus hijos en hospitales de la Secretaria de Salud que durante ya mucho tiempo carecen de las medicinas para curar el cancer. 



martes, 24 de agosto de 2021

ES nuevo y llego para quedarse

 Es nuevo y creo que llego para quedarse. 

Actualmente hay nuevos medios de comunicación, por ejemplo todos los programas de anécdotas y de opinión. Por ejemplo los canales oficiales de Antonio de Valdez, Jordi Rosado, Mayra, Guillermo Ochoa, etc. 

Esta forma conoce uno a mas gente en el sus historias hormonales, de sus inicios, de sus fracasos, de sus cambios. Eso hace que conozcamos algo como un detrás de cámaras,  sus preferencias personales, el porque de algunas de sus historias profesionales y que debido al cambio actual de diferentes medios a hecho  posible la diversidad y variedad de programas. 



miércoles, 30 de junio de 2021

ABASTO DE MEDICINAS A NIÑOS CON CANCER

 Cuando las necesidades de medicinas para el cáncer en los hospitales públicos a cargo de la Secretaria de Salud del Gobierno federal, no se han abastecido con regularidad y en algunos casos totalmente escasas, es verdaderamente indignante que esta situación se este presentando y sobre todo a la población mas vulnerable.

         Ante este caso de ineptitud fragante, es necesario que el propio gobierno haga un análisis de                                  conciencia y de irresponsabilidad. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

20 consejos

Las tres cosas más difíciles de esta vida son:
Guardar un secreto
Perdonar un agravio.
Aprovechar el tiempo.

1.- Haga una pausa, mínima de 10 minutos por cada dos
horas de trabajo. Piense en usted. Analizando sus actitudes.

2.- Aprenda a decir NO, sin sentirse culpable, o creer que
lastima a alguien. Querer agradar a todos es un desgaste
enorme.

3.- Planee su día, pero deje siempre un buen espacio para cualquier
imprevisto, consciente de que no todo depende de usted.

4.-  Concéntrese en apenas una tarea a la vez. Por más ágil que sean
sus cuadros mentales, usted se cansa.

5.- Olvídese de una vez por todas que usted es indispensable en su
trabajo, su casa o su grupo habitual. Por más que eso le desagrade,
todo camina sin su actuación, salvo usted mismo.

6.- Deje de sentirse responsable por el place de los otros. Usted
no es fuente de los deseos, ni el eterno maestro de ceremonia.

7.- Pida ayuda siempre que sea necesario, teniendo el buen sentidos de
pedírselo a las personas correctas.

8.- Separe los problemas reales de los imaginarios y elimínelos, porque
son pérdida de tiempo y ocupan un espacio mental precioso para cosas
más importantes.

9.- Intente descubrir el placer de cosas cotidianas como dormir, comer,
pasear, sin creer que es lo máximo que se puede conseguir en la vida.

10.- Evite envolverse en ansiedades y tensiones ajenas, en lo que se refiere
 a ansiedad y tensión. Espere un poco y después retorne al diálogo y a la acción.

11.- Su familia es parte de usted, está junto a usted, compone su mundo.

12.- Comprenda sus principios y convicciones inflexibles.

13.- Es necesario tener siempre a alguien a quien le pueda confiar y hablar
abiertamente.

14.- Conozca la hora acertada de salir de una cena, dejar un reunión. Nunca
pierda el sentido de la importancia sutil de salir a la hora correcta.

15.- No quiera saber si hablaron mal de usted, ni se atormente con esa basura
mental. Y si hablaron bien de usted, haga una análisis sin creérselo todo.

16.- Competir en momentos de diversión, trabajo y vida entre pareja, es ideal
para quien quiere quedar cansado o perder la mejor parte.

17.- La rigidez es buena en las piedras pero no en los seres humanos.

18.- Una hora de inmenso placer sustituye, con tranquilidad, tres horas de sueño perdido.

19.- No abandone estás tres virtudes:
Intuición, inocencia y fe.

20.- Entienda en conclusión, Usted es lo que haga o deje de hacer.

martes, 29 de septiembre de 2015

Doce Grados del Silencio

Doce Grados del Silencio

1.- Hablar poco con las criaturas y mucho con Dios.-
Silencio al mundo, silencio a las noticias, silencio con las almas.

2.- Silencio en el trabajo, en los movimientos.
Silencio en el andar, silencio de los ojos, de los oidos, de la voz, silencio del todo ser exterior. Silencio del recogimiento.

3.- Silencio de la Imaginación. 

4.- Silencio de la memoria.
Silencio del pasado, olvido, agradecimiento de la acción de gracias.

5.- Silencio de las creaturas.
Silencio del hablar interiormente con las creaturas. 

6.- Silencio del Corazón
Silencio de afectos, de antipatías, silencio de deseos indiscretos, silencio de lo exagerado, silencio de lo exaltado. El silencio del amor es el amor del silencio.

7.- Silencio de la naturaleza, del amor propio.
Silencio a la vista, de cosas corruptas, silencio del alma que se complace en bajezas, silencio a las alabanzas, a la estima. Silencio delante de los desprecios, de las preferencias, de las murmuraciones; Es el silencio de la humildad.

8.- Silencio del espíritu. 
Silencio de pensamientos inútiles, Silencio de la curiosidad, silencio del orgullo. Es el silencio de la sencillez, de la rectitud.  

9.- Silencio del propio juicio. 
Silencio relativo a las personas. No juzgar, no manifestar opinión, ceder con sencillez. Es el silencio de la bienaventurada y santa infancia. 

10.- Silencio de la voluntad
Silencio a los mandamientos, a las leyes.  Es el silencio exterior de la propia voluntad. Es el silencio del Abandono. Es el silencio de la crucifixión.

11.- Silencio consigo mismo.
No hablarse interiormente, no escucharse, no quejarse, no consolarse. callar consigo mismo, olvidarse de si mismo. Solo con Dios. 

12.- Silencio con Dios 
Ofrecerse a él. Adorarle, amarle. Es la union del alma con Dios 

martes, 22 de septiembre de 2015

Fray Junipero Serra

Beato Junípero Serra, (1713-1784).- 
«Siempre adelante, nunca hacia atrás». Este fue el lema de Junípero Serra, cuyas dotes intelectuales, celo misionero, bondad y paciencia, produjeron frutos en su nativa Mallorca, en México y en los Estados Unidos.
Nacido en Petra, Mallorca, el 24 de noviembre de 1713, Miguel José fue hijo de Antonio Serra y Margarita Ferrer, agricultores.
Después de la enseñanza primaria en los Franciscanos de Petra, Miguel marchó a Palma, la capital, e ingresó en los Frailes Menores en 1730, tomando el nombre de Junípero, en honor de uno de los primeros seguidores de San Francisco.
Ordenado sacerdote en 1737, Serra fue destinado a enseñar filosofía. Entre sus alumnos, hubo dos que fueron sus últimos colaboradores en el Nuevo Mundo, Francisco Palou y Juan Crespi.
Tras doctorarse en Teología en la Universidad del Beato Ramón Llull en 1742, Serra continuó enseñando filosofía y teología, adquiriendo gran fama como predicador.
En 1749, en unión de Palou, partió para el Colegio de San Fernando en la Ciudad de México. Temiendo comunicar a sus padres su próxima partida, Serra pidió a un fraile compañero suyo, que les informara sobre el particular.
«Yo quisiera poder infundirles la gran alegría que llena mi corazón», decía. «Si yo pudiera hacer esto, seguro que ellos me instarían a seguir adelante y no retroceder nunca». Les pedía que comprendieran su vocación misionera, y prometía recordarlos en la oración.
Poco después de su llegada a México, Serra sufrió la picadura de un insecto que le produjo la hinchazón de un pie y una úlcera en la pierna, de la que le resultó una cojera para el resto de la vida.
Tras unos meses en el Colegio de San Fernando, el Beato fue destinado a las misiones de Sierra Gorda al nordeste de la ciudad de México. Allí trabajó durante ocho años; tres de ellos como presidente de las misiones.
Llamado a la Ciudad de México, prestó servicio como maestro de novicios durante nueve años, y continuó su predicación en las zonas alrededor de la capital.
En 1767 los jesuitas resultaron ser expulsados de México y sus misiones de la Baja California encomendadas al Colegio de San Fernando. A Serra lo nombraron presidente de esas misiones, cuya cabecera estaba en la Misión de Loreto.
En 1769 la Corona de España decidió colonizar la Alta California, hoy Estado de California en los EE.UU. . Junípero fue nombrado nuevamente presidente.
Supervisó la fundación de las nueve misiones: San Diego (1769), San Carlos Borromeo (1770), San Antonio de Padua (1771), San Gabriel Arcángel (1771), San Luis Obispo (1772), San Francisco de Asís (1776), San Juan de Capistrano (1776), Santa Clara de Asís (1777) y San Buenaventura (1782).
En 1773, el Beato viajó a la Ciudad de México para entrevistarse con el Virrey Bucarelli y tratar de resolver los problemas que habían surgido entre los misioneros y los representantes del Rey en California.
La Representación de Serra (1773), ha sido llamada «Carta de los Derechos» de los indios. Una parte decretaba que «el gobierno, el control y la educación de los indios bautizados, pertenecerían exclusivamente a los misioneros».
Durante esta visita a la Ciudad de México, Serra escribió a su sobrino, el Padre Miguel Ribot Serra, diciéndole: «En California está mi vida y allí, si Dios quiere, espero morir».
Ni siquiera el martirio del Padre Luis Jaime en la Misión de San Diego (1775), apagó su deseo de añadir nuevas misiones a la cadena de las ya existentes a lo largo de la costa de California.
En todas estas misiones, Junípero y los frailes enseñaron a los indios métodos de cultivo más eficaces y el modo de domesticar a los animales necesarios para la alimentación y el transporte.
Cuando fue capturado el indio que dirigía a los rebeldes en la Misión de San Diego, Serra escribió al Virrey, pidiéndole que perdonara la vida del indio.
Los que fueron capturados, resultaron ser eventualmente perdonados. En la misma carta al Virrey, Serra pedía que «en el caso de que los indios, tanto paganos como cristianos, quisieran matarme, deberían ser perdonados».
Él explicaba: «Debe darse a entender al asesino, después de un moderado castigo, que ha sido perdonado. Así cumpliremos la ley cristiana que nos manda perdonar las injurias y no buscar la muerte del pecador, sino su salvación eterna».
Junípero Serra pasó los últimos años de su vida ocupado en las tareas de la administración, la necesidad de escribir muchas cartas a las otras misiones, a la Iglesia y a los oficiales del gobierno en la Ciudad de México, con el ansia de fundar las misiones necesarias.
Trabajó con gran fe y tenacidad, aunque le iban faltando las fuerzas. Los indios le pusieron de apodo «el viejo», porque tenía 56 años cuando llegó a la Alta California.
Serra trabajó constantemente hasta su muerte, el 28 de agosto de 1784, en la Misión de San Carlos Borromeo, que había sido su cuartel general y se convirtió en el lugar de su descanso definitivo.
Los indios y los soldados lloraron la muerte de Serra; lo llamaban «Bendito Padre». Muchos se llevaban un trozo de su hábito como recuerdo; otros tocaban medallas y rosarios a su cuerpo.
Poco tiempo después de la muerte de Serra, el Guardián del Colegio de San Fernando escribía al Provincial de los Franciscanos en Mallorca: "Murió como un justo en tales circunstancias, que todos los que estaban presentes derramaban tiernas lágrimas".
"Pensaban que su bendita alma subió inmediatamente al Cielo a recibir la recompensa de la intensa e ininterrumpida labor de 34 años, sostenido por nuestro amado Jesús, al que siempre tenía en su mente, sufriendo aquellos inexplicables tormentos por nuestra redención".
"Fue tan grande la caridad que manifestaba, que causaba admiración no sólo en la gente ordinaria, sino también en personas de alta posición. Proclamaban todos, que ese hombre era un Santo y sus obras las de un apóstol".
El 14 de septiembre de 1987, el Papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con los Indios nativos americanos en Fénix, Arizona, durante el cual alabó los esfuerzos de Serra para proteger a los indios contra la explotación.
Tres días más tarde, el Papa visitó la tumba de Junípero en la Misión de San Carlos Borromeo, y recordó la representación de Serra en 1773 en favor de los indios de California.
Juan Pablo II dijo que el Beato y sus misioneros compartían la convicción de que "el Evangelio es un asunto de vida y de salvación".
"Ellos estimaban que al ofrecer a Jesucristo a la gente, estaban haciendo algo de un valor, importancia y dignidad inmensos". Esta convicción los sostenía «frente a cualquier vicisitud, desazón y oposición».

El mismo Juan Pablo II beatificó solemnemente en Roma a Fray Junípero Serra, el 25 de septiembre de 1988.